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La polémica está servida. La Junta de Andalucía dice ahora que no hay dinero para terminar las obras del metro que debería estar funcionando desde hace exactamente un año. Pero propone una solución: que el metro llegue por el aire. Y no volando, por la calle, como el tranvía que se retiró hace medio siglo de las calles malagueñas. Con esto no digo que un tranvía sea un retraso, lo que critico es que no es lo que se decidió por consenso. Lo que se vendió a los ciudadanos antes, durante y después de varias elecciones fue humo. La tercera área metropolitana de España merece un metro para facilitar la expansión de la ciudad y no un parche.

Los políticos nos han mentido descaradamente. Me siento decepcionado, estafado, ultrajado. Me sale la vena antisevillista. ¿Por qué ellos siempre sí y nosotros siempre no? Muchos están a favor de la llegada del tranvía al centro bajo el argumento de mejor esto que nada. Pero es que, sinceramente, es mejor nada. En esto coincido con el alcalde de Málaga. Un tranvía obstaculiza el tráfico y deja de ser competitivo. Eso sí, quedaría muy bonito para las postales pero luego nos lamentaríamos porque no recibiría tantos usuarios y crecería el agujero económico.

Hay que apostar por un medio de transporte competitivo. Que un malagueño pueda coger un metro desde El Palo hasta el Parque Tecnológico de Andalucía. Con proyectos a medias solo vamos a tener un quiero y no puedo. Un desperdicio de dinero como el que compra un Mercedes de segunda mano con ruedas desgastadas y sin seguro.

Estoy hasta los huevos del maltrato continuo que sufre nuestra provincia. Varios ejemplos: Marbella, la joya del turismo de calidad de España, aún no tiene un tren de Cercanías a pesar de que la línea de la costa es la más transitada del país. Lamentable. Más patético es ver cómo el Ayuntamiento de Vélez-Málaga tira por la borda cientos de millones de euros de la Unión Europea invertidos en un tranvía para el que no hay dinero ni para manternerlo. Pero lo más grave, los malagueños sabemos que el turismo peligra mientras continúen las natas y mierdas flotantes en las aguas del mar. Ante todo esto, los políticos miran a otro lado.

Con este episodio nos encontramos ante un nuevo momento de descrédito de los políticos. Tengo una sensación de total decepción. La crisis económica no justifica el incumplimiento. Se supone que se proyectó la inversión bajo una planificación presupuestaria. ¿Dónde está?

No me caso con nadie.

 

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