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Paula Vázquez ha sido una víctima más de Twitter. Y digo una víctima más porque todos la hemos cagado alguna vez en las redes sociales. Es más, ¿quién no ha borrado un tuit-cagada alguna vez en su vida por arrepentimiento? Lo que pasa es que las celebrities están expuestas a la lupa de sus más de 100.000 seguidores que analizan todo lo que dicen, cómo lo dicen o desde dónde lo dicen.

Paula Vázquez ha sufrido en sus carnes cómo sus cientos de seguidores se convierten en acosadores. La presentadora publicó un parte médico para hacer “la gracia” pero le ha costado caro. Cuando se percató de que había publicado su dirección de casa y su teléfono personal ya era demasiado tarde. De hecho, en Google si escribes “Paula Vázquez” el segundo resultado que te sugiere es: “teléfono”.

Pero, ¿cómo gestionar este tipo de crisis? Paula decidió convertirse, con el calentón, y pasar de víctima a verdugo. Publicó los teléfonos de los cientos de acosadores que le mandaron Whatsapps o llamadas perdidas. Muchos aseguran que esta decisión se trata de una ilegalidad, pero me parece exagerado plantear este extremo. Mirándolo con perspectiva, Paula debería haber meditado y contar hasta diez. Aquí algunas decisiones que podrían haber sido más acertadas: lo primero, cambiar el buzón de voz donde indica su segundo número de teléfono; lo segundo, apagar el terminal o restringir llamadas entrantes; lo tercero, y si mantiene el terminal encendido, eliminar la información de conexión del Whatsapp para que nadie sepa si están online.

En mi caso, salvando las distancias, es relativamente fácil encontrar mi teléfono móvil (está en Linkedin) aunque es posible que responda antes un mail que una llamada. Obviamente, si fuese una celebrity, tendría que eliminarlo para evitar llamadas de algún “graciosillo”.

Al final, Paula se lo ha tomado con calma y con sentido del humor. No le quedaba otra. Ahora ella tendrá que decidir si cambia de número de teléfono o aguanta con estoicidad el “acoso” de los seguidores que quieren hacer la gracia. En todo caso, Whatsapp es otra red social. Puede asumir y aceptar que su teléfono móvil esté abierto a todos como Twitter e interactuar así con sus seguidores. En fin, un infierno. ¡Pobre!

No me caso con nadie.

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