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Lo maravilloso de Internet es que es impredecible. Y Campofrío está sufriendo en sus carnes los efectos negativos de la campaña que ha puesto en marcha bajo el hashtag #ElCurriculumDeTodos. Mi marca preferida para comer jamón de york se ha comprometido a donar un euro a Cruz Roja por cada comentario que se haga en las redes sociales. Y para dar a conocer la campaña ha hecho un spot que tenía, en principio, todos los ingredientes para obtener el éxito: critica a los ricos y poderosos, entremezcla lo mejor del ego español con reminiscencias de un payaso que aún huele a muerto y recurre al truco fácil de evocar el respeto a nuestros mayores.

Pero todos estos ingredientes metidos en la coctelera de Twitter no han dado los resultados dulces esperados por la marca. Más bien están recibiendo también frutos amargos.  Aunque #ElCurriculumDeTodos se ha colocado rápidamente entre los trending topics, la palabra Campofrío también lo ha hecho pero en muchos casos vinculada a una noticia que mancha los intereses “altruistas” de la marca: “El dueño de Campofrío cierra seis fábricas y anuncia 1.800 despidos“.

Ninguno de los iluminados del marketing se podía imaginar que junto a esta campaña “solidaria” florecerían las decisiones de la compañía relacionadas con los recortes. Lo curioso es que la noticia es del año 2009, pero la campaña la ha reflotado. Son los daños colaterales de jugar a “controlar” la red. Es el riesgo de probar una estrategia con algo vivo. De esto solo saco una conclusión: los usuarios son difíciles de “manejar”. Internet sigue siendo libre. ¡Qué bien!

No me caso con nadie.

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Un pensamiento en “A Campofrío le sale el tiro por la culata

  1. Querido: hay un problema estructural con el boom de las redes sociales. Ignoro por qué (o sí, sí lo sé) los conceptos que adornaron la creación del dos-punto-cero (otro gatito ha muerto) se han ignorado. La cosa iba de transformar la relación con el cliente abriendo un diálogo con él: en ese diálogo se hubiera explicado en su momento por qué se hace un ERE y se habría apechugado y respondido a las críticas dirigidas con educación y marginalizando el trollismo. Y luego, o antes, o durante, habrían tenido su mensaje de optimismo, que hubiera estado encuadrado dentro de una política de comunicación continuada, en la construcción de valores de compañía (y no de marca, o únicamente de marca) hasta el punto de que no hablamos de comunicación, sino de identidad. En su lugar, se hace comunicación de masas por otros medios. Y se pone uno moderno con un chau-chau constante de “no interrumpir”, de hacer entretenimiento y no publicidad… para hacer lo que ya se hacía: crear una imagen al cliente que no se corresponde con tu realidad como organización. Y eso hoy se paga.

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