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Mi primera experiencia en un “taxi” de Uber ha sido en Estados Unidos y de manera involuntaria y casual. Os cuento. Me encontraba en una fiesta a medianoche en Los Ángeles y necesitaba volver a mi hotel que estaba a unos 3 kilómetros. Una vez llegado el momento de despedirme necesitaba un taxi y le pedí a una amiga que llamara a uno porque mi teléfono era español. Fue clara, concisa y contundente: “¡Ni de coña! ¡Aquí apenas hay taxis por las calles y son carísimos!”. Sacó el móvil de su bolso, abrió la aplicación Uber y en menos de 30 segundos me dijo que saliese a la puerta del local y que estaría Smith en la puerta esperando a “Jorge”. Lo más importante que me dijo fue: “¡y no pagues ni un céntimo que ya está todo pagado!”. Me dispuse a salir del local y allí se encontraba el tal Smith con su coche negro y con una peganita de Uber en el cristal delantero. Me recogió, me dejó en el hotel y entablé con él una aburrida conversación sobre el pésimo papel de España en el mundial.

Creo que es obvio que la experiencia fue positiva como usuario. Días después coincidí con mi amiga y le pregunté cuánto había pagado: “7 dólares“, me dijo. ¿Un precio justo? Yo creo que sí. Al menos, desde el punto de vista del usuario. En Madrid vivo en San Sebastián de los Reyes y un taxi desde el centro me puede costar con facilidad casi 40 euros. Los taxistas “tradicionales” están locos si creen que voy a volver a pagar eso cuando puedo abonar la mitad en Uber. El servicio norteamericano solo opera por el momento en Barcelona pero su expansión es inminente por toda España. Hay zonas turísticas como la Costa del Sol en las que el uso del Uber para salir de marcha o desplazarte entre localidades podría ser un éxito.

Seguro que me llueven las críticas de taxistas como en mi otro post sobre el tema. Pero es cierto que hay que adaptarse, reinventarse, asociarse y luchar desde el mismo terreno. Los legisladores no tienen nada claro cómo se van a enfrentar ante un sector que estaba absolutamente regulado a través de licencias. De hecho, mientras en la ciudad de Bruselas se multa su uso, es curioso que desde ese mismo lugar la Unión Europea defienda a estas aplicaciones sociales frente a la huelga de taxistas. Me parece absurdo que se quiera controlar ese tipo de tratos o acuerdos privados para proteger un sistema que ha quedado desfasado y obsoleto. Un ejemplo, en Seúl prohíben la aplicación Uber para crear una propia, regulada y solo para conductores autorizados.

Puede que Uber pague el pato de ser el primero, al igual que pasara con Napster. Pero está claro que esto va a cambiar, que llegarán tarifas planas de transporte social y que el mundo offline se tendrá que adaptar.

No me caso con nadie. 

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4 pensamientos en “Mi primera experiencia con Uber… genial

  1. Pues nada, que cada uno haga lo que le de le gana. Que se autoricen a vender melones en la carretera, los taxis improvisados, las clinicas de estetica ilegales…

    Todo en negro claro. Pagar pensiones? Que se jodan los viejos!

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  2. Me gusta tu manera de pensar, yo tengo una productora y pensé igual:

    voy a pagar yo 1500 euros al mes pudiendo contratar becarios?
    seis meses y a la puta calle que ya contrataré otros! Total, por 0 euros…

    A mi me va bien pensando así. Al colectivo? Ese no es mi problema. Yo solo pienso en mi bolsillo.

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