Home

Desde que me contaron lo que os voy a describir en estas líneas, estremezco cada vez que paso por la puerta de una tienda de ropa. Prefería ser un incrédulo, y no conocer lo que se esconde tras los arcos de seguridad de los accesos de algunos comercios. Esos arcos representan la antesala de ese escenario futurista en el que trabajamos para las máquinas. Es un claro ejemplo de cómo la tecnología puede tener un uso perverso, inhumano y esclavista cuando cae en malas manos.

Muchos jóvenes que trabajan como “dependientes” en este tipo de comercios están tan acostumbrados a este tipo de “políticas de empresa” que ni siquiera se sorprenden. Afortunadamente, nunca he tenido la necesidad de trabajar en estas tiendas depredadoras y por eso, quizás, he tenido la venda puesta en los ojos.

Lo que esconden los arcos de seguridad es un contador de las personas que entran y salen. En algunas tiendas lo llaman la “conversión“. Si entran “equis” clientes y el número de tickets es inferior, la bronca recae en los dependientes que están en la tienda. Es decir, si la conversión es negativa los trabajadores tiemblan. No se tiene en cuenta que la calidad de la ropa o la oferta sea mala. No, la culpa es del trabajador porque no ha sabido vender las prendas. Una política “comercial” que se aleja, al menos en mi caso, de lo que le gusta al consumidor: que lo dejen mirar tranquilo. Lo peor de esta situación es cuando el “coordinador” de la tienda (que cobra 100 euros más que sus compañeros) amenaza a los trabajadores y los presiona cuando la conversión es negativa. Es lo que yo denomino los “negros, negreros” que han crecido como la espuma durante los años de crisis en España.

Por lo visto, la conversión se puede mirar cada hora e incluso de manera instantánea. ¡Esto es peor que las audiencias! Pero a la maldita conversión se suman otras variables que ponen nota a los trabajadores: unidades de prendas por ticket. Es decir, como un cliente haga una devolución y no compre otra cosa también hay bronca.

Parece que el esclavismo no se queda en algunas fábricas de ropa de la India, se traslada también bajo los leds, focos y maniquíes que, como en Hollywood, conforman un mundo de fantasía que nada que ver con la realidad.

Ahora, cada vez que entro a una tienda pienso en la maldita conversión. La obsesión es tal que, ahora que presto atención, he llegado a ver cómo un dependiente pide a su pareja que se agache al entrar para que los arcos de seguridad no lo computen como entrada negativa.

Ya veis. El “Internet de las cosas” también puede tener usos perversos.

No me caso con nadie. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s